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martes, 25 de octubre de 2016

La Vuelta A La Tortilla

Aquí os dejo un corto de Paco León que a mí personalmente me encantó y me emocionó a partes iguales.


 

El cáncer. 
Dura palabra. 
Terrible enfermedad. 

Quién de nosotros no ha perdido a un ser querido por este desastre llamado Cáncer. 

Perdí a mi mejor amiga hace 3 años, y sí, la echo muchísimo de menos. Me gustaría contarle tantísimas cosas que pasaron desde entonces, pero sobre todo pienso aquello que la vida le arrebató con tan sólo 33 años. Sí, le arrebató todo. Ella que lo tenía todo y por tener, tenía esa capacidad de lucha, siempre con una sonrisa. Una vez lo dije ya en este blog: ella me enseñó muchísimas cosas que son grandes y permanecerán siempre en mi corazón. Para toda la vida.  
D.Lorefield

martes, 18 de octubre de 2016




Yo siempre he pensado que la vida es de aquellos que sueñan, de aquellos que la viven no al filo como si estuvieran en una navaja, no, pero sí arriesgando, comprobando, soñando, y exclamando.
Protestando, gritando en bajito, quizás también en voz alta en determinadas situaciones.

La vida es de aquellos que se ríen a carcajadas por pequeñas y grandes cosas, por nada y por todo, de aquellos que lloran, que luchan, que se entregan, que sufren e incluso que pierden pero vuelven a empezar, porque empezar no es tan malo, es de humanos, y errar es de sabios, o al menos eso dicen.

Vivir la vida con cordura, pero con locura y al mismo tiempo con los pies pisando el suelo y también tocando una nube con la yema de un dedo. En resumidas cuentas, vivir la vida exclamando, soñando y siendo fieles a quienes somos con respeto a la equivocación pero sin miedo a equivocarnos.
D. Lorefield

martes, 11 de octubre de 2016

También en verano


Todo el mundo sabe la importancia de los abuelos hoy en día. No solamente son unos estupendos canguros, sino que además son una parte muy importante en la crianza de nuestros hijos. Aportan sabiduría, amor y malcrianza, así como una gran retahíla de batallitas de su juventud, que entretienen y aburren por igual.

Hoy en día además, con esta crisis que no están sufriendo los políticos (míralos que majos, un año sin trabajar y cobrando como mínimo el triple que tú y que yo, y seguramente que tú y que yo juntos) los abuelos son el sustento económico de muchísimas familias. Los abuelos lo son todo.

Los medios de comunicación no paran de repetirnos lo importantes que son los abuelos, como si no lo supiéramos. Pero claro, también nos recuerdan que en verano hace calor y tengamos cuidado, bebiendo mucha agua y que en invierno hace frío y que nos abriguemos. Si no fuera por los medios, que velan por nosotros entre anuncio y anuncio, esto sería la anarquía y moriríamos por millones de sed y resfriados.

Pero hay una cosa que nadie recuerda pero que está muy presente en nuestras vidas: la importancia de los abuelos en verano, reservando los mejores sitios en la playa y la piscina.

Nadie se acuerda de esos abuelos que se levantan a primera hora de la mañana para tener la mejor porción de arena en la playa y la mejor sombra bajo el mejor árbol en la piscina, mientras los inútiles de sus vástagos y nietos duermen hasta media mañana como jabalíes hartos de comida.

Estos abuelos, criados y forjados en una guerra civil y su nefasta postguerra no son tema de risa. Su estrategia por coger más sitio de lo que le corresponde a su descendencia y su violencia en defender dicho sitio es equiparable a los SEALS británicos, bestias pardas ahí donde las haya.

Seguramente os haya pasado que,  tratando de dejar tu toalla cerca de ellos, hayas sentido en la nuca esa sensación de peligro, la misma que tendrías si pasaras cerca de la guarida de un león. Pero no solo es la sensación de peligro, lo peor es esa mirada desaprobadora que te clavan. Una mirada que te hace sentir sucio y avergonzado por haber tratado de poner tu toalla cerca de su círculo protector.  Te hace sentir tan mal, que en el fondo de tu ser sabes que no tienes derecho, no solo de no estar cerca de la sombra que han acaparado, sino de estar en esa piscina o playa. Hace que te plantees incluso si te mereces esas vacaciones que llevabas todo un año esperando.
Lo único que te alivia es que, cuando a las doce del mediodía aparecen los hijos y nietos de ese abuelo, este les echa la misma mirada desaprobadora que te echó a ti. Una mirada que se pregunta en qué falló para criar a semejantes desustanciados y blandos de carne.

Por eso, suplico e imploro que nunca olvidemos a los abuelos en verano. Su labor de guardianes de sus descendientes nunca acaba. Y durará hasta que ya no estén con nosotros.


Dios los bendiga.
DR

martes, 4 de octubre de 2016

Con perdón




No, yo no soy de las que piensa que pedir perdón sea una bajeza o algo semejante a tirarse por el suelo para no volver a levantarse. Más bien soy de las que piensan que pedir perdón enaltece a la persona y que muchas veces en ocasiones incluso se consigue estar a gusto con uno mismo, porque para  mí una de las cosas más importantes es estar bien con cada uno de nosotros, pues a fin de cuentas, en esta vida es lo que tenemos seguro: estaremos con nosotros mismos hasta el final de nuestros días, así que aunque sea por sentirme bien e irme a la cama tranquila pido perdón sin que ninguno de mis cuatro anillos se me caigan a ningún lado. 

Sí, porque es de humanos equivocarse y sí, porque todo el mundo merece un perdón y también todos merecemos poder equivocarnos para poder seguir avanzando y si es con un perdón, mejor que mejor. 

Por supuesto hay quien vive con rencores muy escondidos, rencores incluso que tienen un color amarillento y se sientan al lado de un sofá con olor a rancio y permanece ahí y de ese modo durante muchos y muchos años sin apenas cambiar la postura, ¡¡¡ no qué va !!!!, hay rencores que incluso viajan durante eternidades incansables y duermen en una cama vacía de amor, vacía de un ayer con sonrisas, y a mí simplemente me da mucha pena, sí, porque aunque suene a tópico muy típico, sólo tenemos esta vida y hay que hacer lo imposible por estar lo mejor que podamos con el mundo, así como con nosotros mismos. 

Y si lo piensas muy bien, ¿qué pueden llegar  a hacernos como para que estemos tan enfadados como para no perdonar?, ¿vale la pena vivir toda una vida con rencores recónditos sentados a tu lado?. Yo creo simplemente que no...