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martes, 21 de marzo de 2017

Ella



Capturaba momentos con su cámara, y soñaba, sobre todo soñaba. Ella, tan bonita, tan real. Poco femenina pero tan mujer. Ella con esos labios perfectos que cualquiera mataría por robar tan sólo un beso.

Ella con risa de loca, con locura transitoria, y menos mal que transita y no se queda varada en un sólo sitio. Ella tan espontánea y tan mágica. Ella que todo le sienta bien, desde un vaquero hasta el vestido más feo de satén.

Ella es preciosa, aunque no lo sabe. Ella que en ocasiones se muerde las uñas, y en otras lo hace sólo por costumbre. Ella que puede cambiar esos versos tristes de Neruda por los más alegres.

Ella que por donde camina crea poesía, sueña poesía, ama poesía, estudia poesía porque ella es poesía. Ella tan bonita, y tan real. Ella que se emociona aunque sin llorar, porque no es de las que lloran, es de las que ríen hasta estallar, es de las que te contagia la risa hasta cuando viene un vendaval.

Ella que es trueno y tempestad, ella que es amor y amar. Ella, tan sólo ella, ella con dieciocho años, ella, tan niña, tan mujer, tan imperfecta y tan perfecta a la vez.
D. Lorefield

martes, 14 de marzo de 2017

No me gustan tus mentiras



 No me gustan tus mentiras, ni la forma que tienes de liarlo todo. Tienes la capacidad de inventar tantas cosas que es imposible seguirte el hilo, ese hilo que desgarras, arrancas, saboteas y machacas sin pensarlo, porque tú eres así.

No sé desde cuándo llevas haciéndolo, supongo que toda una vida, pero eso suena demasiado largo, demasiado eterno, hasta para tí. Has alejado a personas de tu lado y sigues en pie de guerra cargando el arma con cada mentira, y pegando balazos a todo el que te encuentras a tu paso. Pobre de aquel que se cruza en tu camino y decide quedarse porque no cambias, ni cambiarás, aunque lo que sí haces es reforzarte con cada mentira, con cada invento, con cada artimaña y nadie se atreve a decirte nada, porque eres y te ves fuerte. Porque es a lo que te hemos enseñado todos.

No me gustan tus mentiras, pero más que nada porque aunque no te lo creas hacen que estés sola, hacen que poco a poco la gente se aleje, hacen que los que te quisieron te quieran un poquito menos, pero sobre todo, te hacen daño a tí, y por eso no me gustan tus mentiras.
D. Lorefield
 

martes, 7 de marzo de 2017

La única persona en el mundo



La única persona en el mundo de la que me enamoré antes de haberla visto. La única a la que querré con toda mi alma hasta el fin de mis días. La única persona en el mundo que podría pasarme horas mirando sin cansarme. Mirar cada gesto, cada instante y enamorarme de cada cara suya, tanto si ríe como si pone cara de huevo roto antes de ponerse a llorar porque hasta es bonito llorando.

La única a la que mimaré hasta la saciedad aún a sabiendas que desde afuera puedan pensar que lo mimo demasiado. La única persona en el mundo por la que hice tratos con la vida a cambio de que no le haga sufrir demasiado. La única persona en el mundo por la que daría mi vida sin pensarlo. La única a la que haré tartas de chocolate y aprenderé a coser sólo para hacerle disfraces. La única persona que me desvela cuando algo le duele y por la que haría escaleras eternas hacía la luna. La única persona que es mi octava maravilla.

La única persona en el mundo a la que canto y me mira embelesado. La única a la que cuento cuentos y me incita a volver al principio cuando llegamos al final. La única persona en el mundo a la que miro y siento mío, mío de verdad. La única persona en el mundo que enseñaré a que mis limitaciones no son las suyas. Con la que veré dibujos animados y le diré mil veces "no te pongas tan cerca de la tele", la única con la que gritaré "aúpa" cuando se cae, la única a la daré mi mano siempre que lo necesite y cuando no, también.

La única persona en el mundo a la que haré de "Monstruo de besos" y "Guerrera de abrazos" sólo para verle correr como un loco por la casa y buscarme en cada habitación. La única persona a la que amo con locura, sin límites ni limitaciones. La única persona en el mundo, que me llama "mamá".
D. Lorefield 

martes, 28 de febrero de 2017

¿Sabes?



¿Sabes? me sigue gustando el café con dos cucharadas y media de azúcar, y beberlo caliente en una taza grande de colores animados.

¿Sabes? aún paso por Gran Vía y me acuerdo de aquella vez en la que hablando conmigo, fantaseando quizás, te chocaste contra un semáforo, ¡¡ qué risa !!, ¿te acuerdas?

¿Sabes?, me corté el pelo, aunque no me lo teñí, sólo las canas cuando afloran y es que tú mejor que yo, sabes que nosotros, somos canosos, y me sigue gustando llevarlo recogido en un moño, pero me acuerdo que a tí te gustaba más suelto, sin coletas ni moños que lo ataran y lo privaran del viento.

¿Sabes?, me acuerdo de tu poesía y de tu guitarra. De tus canciones escritas en una libreta y de tu voz recitando todo lo que escribías. Tienes arte, supongo que lo sabes.

¿Sabes?, me acuerdo de las veces en que me dijiste que siempre estaríamos juntos y que pasara lo que pasara, siempre ibas a estar ahí. Jodida palabra "siempre", es como para toda la vida, y luego no es así. No te fíes de nadie que dice siempre, porque siempre no existe.

¿Sabes? también recuerdo lo mal que me hiciste sentir muchas veces, las veces en las que la confianza da verdadero asco y me hacías sentir inferior para subir tú dos peldaños de aquellas escaleras imaginarías.

¿Sabes? prefiero recordar las cosas buenas nuestras, que quedaron en un baúl de un lugar recóndito en mi mente, porque de cualquier forma, siempre estarás ligado a mí.

Pero ahora, libre de tí, ¿sabes? ahora sí puedo tumbarme en la cama, cerrar los ojos y dormir, porque has dejado de ser mi cafeina, mi pesadilla, has dejado de ser quien eras, al menos para mí, porque no hay nada que el tiempo no cure, y definitivamente yo... ya estoy curada de tí.
D. Lorefield

martes, 21 de febrero de 2017

Me casaría contigo


Me casaría contigo, en serio, con tu sonrisa preciosa, con esos labios tuyos, tan carnosos, y esa dentadura perfecta. Me casaría con cada lunar dibujado en tu cuerpo y con tu pelo, que por muchas quejas que pongas, es el pelo rizado más bonito del mundo. Sí, porque lo digo yo, y estando despiertos sabes que mando yo, y mientras dormimos lo haces tú. 

Estoy locamente enamorada de tu D, de esa D que me Desquicia en muchas ocasiones, de esa D vestida de Duende que me cuida cuando tengo fiebre y cuando no también. Estoy tremendamente enamorada de esa D que me Direcciona porque sabes que yo no entiendo los mapas y si diera tres vueltas a la manzana igualmente me perdería. De esa D que Diambula por la noche en mis sueños tejiendo nuevas ilusiones. Caí en las redes de esa D que Danza con un paso extraño porque no sabes bailar, pero me encanta ver cómo lo intentas con cara de interesante. Enamorada de esa D que Debate cada noche sobre las cosas cotidianas del día a día. Porque no dejamos de hablar, somos como cotorros contando infinidad de cosas en infinidad de ocasiones o nada en otras, pero qué bonito tenerte sentado a mi lado, en nuestro sofá, ese que compramos no en rebajas, pero estaba rebajado. 

Me casaría contigo, de verdad te lo digo. Porque me enamora esa D que no me Debe nada y a la que debo tanto. De esa D que Decide conmigo hasta las más pequeñas cosas de la vida, por tontas que parezcan. Me enloquece esa D tuya que me trata como una Dama porque sabes que soy del siglo pasado y me encantan que me dejen pasar primero y que me abran la puerta del coche. De esa D que no Duda en taparme cuando tengo frío, que no Duda en hacer el tonto cuando estoy deprimida. Esa D que conoce mi D. 

Me casaría contigo, en serio te lo digo, me casaría si no fuera porque hace casi una década me casé contigo y desde entonces soy una persona con dos brazos, cuatro piernas, dos almas pero un único corazón: tú, y sí, es cierto, soy asquerosamente cursi, pero me casaría contigo, en serio te lo digo. 
D. Lorefield