Después de muuucho tiempo, por fin he estado de excursión por un lugar, por cierto, precioso y con una música súper relajante que por su puesto os aconsejo.
Cuando algo comienza normalmente no sabes como acabará, la casa que ibas a vender se convierte en tu hogar, los compañeros de piso se convierten en tu familia y la aventura que ibas a olvidar se convierte en el amor de tu vida.
Pasamos la vida preocupándonos por el futuro, planeándolo, intentando predecirlo. Pensando en que saber como será amortiguará el golpe. Pero el futuro cambia constantemente, el futuro es el hogar de nuestros miedos y de nuestras esperanzas. Pero algo es seguro, cuando por fin se revela el futuro nunca es como lo imaginábamos, así que ¿brindamos por el futuro?
Cada película que vemos, cada historia que nos cuentan, nos piden que creamos en ellas: El giro al final de la historia, la declaración de amor inesperada, la excepción a la regla. Pero a veces estamos tan obsesionadas por encontrar nuestro final feliz, que nos olvidamos de leer las señales. Las que diferencian a los que nos quieren de los que no, a los que se quedarán de los que se irán. Y es posible que ese final feliz no incluya al hombre ideal. Puede que seas tú, recomponiéndote y volviendo a empezar, liberándote para algo mejor que puede haber en tu futuro. Puede que el final feliz sea simplemente pasar página.
O puede que el final feliz sea saber que al final de todas las llamadas no devueltas, de todos los desengaños, las meteduras de pata y las señales malinterpretadas, a pesar de todo el dolor y el bochorno, nunca perdiste las esperanzas.